Cuatro llaves, y la puerta sin abrir

Ayer por la mañana a primera hora tuve que hacer una gestión. Debido a mi trabajo, fui a primerísima hora (llegué antes de las 8 de la mañana, que era la hora a a que abrían), a la típica oficina en Madrid, de las que se encuentran en un edificio antiguo, y esperé a que abriesen. El caso es que, conforme se acercaba la hora, empezaron a venir trabajadores, pero no tenía ninguno la llave, se la habían olvidado. Creo que había unas 4 personas con llave, pero que justo ese día, se les había olvidado. El caso es que fue bastante complicado encontrar una llave para abrir, y abrieron con 20 minutos de retraso, y, según mi impresión, estuvieron a punto de tener un problema serio (volver a casa a por la llave, llamar para pedir que a alguien que llegaba en unas dos horas intentase llegar antes, etc).

Parece algo contradictorio, porque cuanta más gente tiene la llave debería de ser más fácil abrir la puerta, pero en este caso, cada uno se apoya en que es fácil que sea otro el que traiga la llave. ¿Resultado? Nadie tiene la presión de llevarla, y no es difícil que, al final, nadie la tenga y no se pueda abrir la puerta.

Una de las cosas que he aprendido de mi tiempo como consultor fue el hecho de tener que asignar las tareas con un responsable claro. Cuanto más claro esté desde el principio quien hace qué (y cuando debe estar terminado), todo funciona mucho mejor.

En las reuniones, es fácil caer en la tendencia de pedir “al equipo” lo que hay que hacer, o decir que “hay que hacer esto o lo otro”, o incluso, “esto tiene que estar listo para el X sin falta”, sin asignar responsables claros y directos y, a mi modo de ver, es un error. .

  • Las tareas que no recaen en “nadie” se olvidan fácilmente. Suficiente trabajo tenemos habitualmente asignado directamente como para preocuparnos del que no está asignado directamente.
  • Si la tarea no está realizada, ¿sobre quien recae la responsabilidad? El saber que el marrón te lo van a colgar hace tomarse las cosas en serio.

Además, es muy importante el que este responsable quede claro, para todo el mundo y especialmente para el interesado. Puede parecer de perogrullo, pero a veces estas cosas se dan “por supuesto”, y un problema de entendimiento (“pensé que la tarea A era más importante que la B”) puede dar lugar a un susto para todo el mundo.

¿Crisis a los 30?

Supongo que todo es debido a cómo se nos vende la vida desde la televisión, el cine, y todo eso tan etéreo y tan “bonito” que llamamos “la sociedad”. El caso es que, al menos personalmente, el haber entrado en la treintena lo sientes de manera algo especial…

Hasta hace muy poco, todo lo que tenías por delante era el futuro. Ibas cumpliendo etapas de manera más o menos sencilla, tal y como “se supone que debe ser”. Primero el instituto, luego la carrera, luego el trabajo, luego cambiar de trabajo buscando algo mejor… Está claro que, mientras que estás en todo esto, tienes cosas, frustraciones, proyectos inacabados o para los que no tienes tiempo, pero piensas que “ya habrá tiempo”. Básicamente, no te planteas si has hecho las cosas bien o mal, simplemente sigues adelante…

Sin embargo, tras un año y pico de haber entrado en la treintena, siento la necesidad de “mirar atrás”. Quizá sea porque los años redondos siempre traen consigo esa necesidad, o porque hay veces que no sabes si realmente has madurado, eres mejor que el que eras hace 10 años. Supongo que uno siempre lleva dentro a ese niño inseguro y vergonzoso que era de pequeño, previamente alimentado con todas las metidas de pata y fallos que uno ha tenido en la vida, dispuesto a salir en cuanto tenga la ocasión. Al menos en mi caso, reconozco que tengo que luchar muchos días con él. También hay veces que te preguntas que habrá pasado con la gente que conocías hace años, y que, por la razón que sea, dejaste de tener contacto.

Por otro lado, creo que siendo objetivo, creo que me encuentro mejor con 30 años que lo que estaba con 20. Realmente no echo de menos un solo minuto mi vida de estudiante. Creo que en mi vida profesional no puedo quejarme, aunque siempre a uno le gustaría llegar más lejos y a veces pienso si es verdaderamente realista pensar que podría estar más lejos. Al menos, mucho más lejos.

Puede ser también, que al final, uno siempre esté en crisis existencial, teniendo que balancear lo que es, lo que fue, y lo que quiere llegar a ser… Teniendo que luchar con sus miedos y sus deseos…

El fin de la cultura de masas

Hoy, en Las Penas del Agente Smith hacían un divertido experimento respecto a la famosa frase de Pio Barjo de que “el nacionalismo se cura viajando”. No estoy demasiado de acuerdo con ese planteamiento, creo que, además de viajar, hace falta un estado mental adecuado, pero obviamente ayuda 😉

Este viene a colación a un concepto que me gustría desarrollar en este blog, y es el tema de la “cultura personal” (a falta de un término mejor).

Hasta hace muy poco tiempo, el concepto de “cultura nacional” ha sido, en nuestro entorno al menos, la manera principal de entender el mundo y las relaciones con los demás. De hecho, es una visión del mundo que sigue plenamente vigente, y nos definimos por nuestras nacionalidades, español, francés, etc. Incluso tenemos ideas políticas en las que las nacionalidades son parte importante. Lo que subyace en esta forma de entender el mundo, que viene desde el siglo XIX, es la idea de una cultura nacional propia y distintiva. Cada cultura nacional tiene una serie de elementos propios que la diferencian, como es el caso (muy claro) de la lengua, pero también de fiestas propias, gastronomía, organizaciones territoriales, leyes históricas, etc, etc. Esta cultura, además, es relativamente estable y cambia lentamente.

Este sistema de entender el mundo, bueno, ha tenido su sentido histórico y ha sido (¡y sigue siendo!) muy importante, pero creo que, con la llegada de las nuevas tecnologías y el desarrollo del “mundo pequeño”, irá desapareciendo, o al menos, teniendo menor importancia a favor de una cultura completamente personal e individualizada.

Todas estas tecnologías, junto con los cambios sociales que han traído consigo, nos permiten superar barreras, que hacían la aparición de las culturas masivas inevitables:

  • La barrera geográfica. A día de hoy es posible viajar de una parte a otra del mundo en cuestión de horas. A una escala más pequeña, es posible vivir y trabajar a unos cientos de kilómetros de distancia, o incluso entre lugares más distantes utilizando puente aéreo o teletrabajo. Hay millones de personas que son emigrantes/inmigrantes, de una manera muy dinámica.
  • La barrera de la comunicación. A día de hoy hay más gente que es capaz de expresarse y entender más de un idioma del que haya existido nunca. La lengua franca actual, el inglés,  es practicada no sólo por una élite, sino por gran cantidad de gente que es capaz de comunicarse entre ellos. La comunicación entre diferentes partes del mundo es prácticamente instantánea.
  • La barrera de la clase. La sociedad (al menos la occidental) está más amalgamada que nunca. Las divisiones entre clases o grupos sociales son más pequeñas. Los grupos sociales ya no son prácticamente estancos, como podía pasar antiguamente con la nobleza. La diferencia entre grandes sectores (hombre/mujeres, jovenes/adultos, etc) es más complicada. La afluencia de inmigrantes de distintos lugares del mundo crean nuevos grupos sociales, más pequeños y menos homogéneos. 
  • La barrera de la personalización. Cada vez es más fácil fabricar pequeñas cantidades de manera productiva. Cada vez los servicios pueden ser más personalizados. Hace no muchos años, de productos como la lecha, había dos tipos, normal y desnatada. Ahora puede haber cientos de tipos.

Todos estos elementos permiten que, cada uno de nosotros esté en contacto con muchos más elementos que anteriormente, y podamos configurar una culura mucho más “a la carta”, que incluya componentes que antes hubiésemos asumidos como “extraños”, de manera mucho más natural.

Si antes queríamos irnos a vivir a otro país, debíamos renunciar a muchas cosas de nuestro lugar de origen, el idioma, las noticias, la música, el contacto familiar constante, etc. Ahora mismo podemos “llevarnos” muchas de estas cosas de manera fácil, volver frecuentemente en viajes cortos, etc.

Igualmente, podemos “traernos” muchas manifestaciones culturales de lugares lejanos: cine (americano, europeo, iraní), gastronomía(italiana, mexicana, japonesa), música (africana, latinoamericana, alemana), etc.. En el pasado, estos “contagios” se producían de manera pausada, y normalmente se consumían igualmente de manera masiva. Sin embargo, ahora se posibilita que este contagio sea más directo y mucho más individualizado, sin necesidad de pasar un filtro previo de que “la sociedad”, en su conjunto, lo acepte como interesante o incluso propio.

Por supuesto, estamos todavía al inicio de este cambio. Hemos sido educados en un sistema en el que el mundo “separado” y las culturas de masas son la manera de entender la vida, y especialmente con un matiz nacionalista que defiende “lo tuyo” frente a “lo de fuera”. Los cambios sociales son muy lentos, tardan generaciones. Y no todo el mundo parte de la misma situación ni tiene los mismos recursos.

Sin embargo, creo que esta “atomización” cultural es inevitable en el largo plazo ya que, como seres humanos individuales, tenderemos a buscar nuestra combinación favorita de elementos culturales entre todos los que tengamos disponibles. Y cada vez tenemos más elementos culturales al alcance de la mano.

La vida en crítico

De pequeño daba mucho miedo
De pequeño daba muchísimo miedo

Creo que, mucha de la gente que nos consideramos escépticos, o al menos me pasó a mí, hemos llegado a ese estado, en cierta manera, como parte de nuestra evolución personal. Es decir, es muy normal que, de jóvenes y niños nos hayan interesado todos los temas misteriosos. Realmente interesado.

De pequeño, tenía muchos libros de la editorial PLESA. Entonces había muchos para niños, de ordenadores, de dinosaurios, de manualidades, etc. Y había unos que ejercían una gran fscinación, que eran los de “misterios”. Vampiros, hombres lobo, fantasmas, el monstruo del Lago Ness, OVNIS… Y con los amigos uno fantaseaba con que, de mayor, iría al Lago Ness y desvelaría todos esos secretos que nadie, hasta entonces, había sido capaz de desvelar. Curiosamente, esos mismos libros tenían una secciones de “misterios resueltos” que habían resultado ser soluciones muy mundanas.

Sin embargo, precisamente por ese interés, cuando uno va creciendo, empieza a olerle todo a chamusquina. ¿Por qué sigo siendo incapaz de ver nítidamente la madre anciana de la foto? Siempre me pareció que parecía una mancha y más a un hombre, en todo caso.  ¿Cómo es eso de que se llevan investigando los mismos casos mil veces y no se avanza absolutamente nada? Es demasiado evidente que el amigo que te dice que se comunica con los espíritus está haciendo el paripé para resultar más divertido.

La madre de Mabel Chinnery debia de ser muy rara
La madre de Mabel Chinnery debía de ser muy rara

En mi caso, el factor decisivo fue leer un libro que defendía que el hombre primitivo había desarrollado inteligencia al devorar el cerebro de sus semejantes.  Para fundamentar sus tesis, hacía una extraña interpretación de la biblia, en la que el cerebro era el fruto del árbol de la ciencia, y, al ser supuestamente afrodisíaco, se lo había ofrecido “Eva” a “Adán”. Enseguida se tenía una objeción muy definitiva, ¿no era que los caracteres adquiridos no se heredaban? Vamos, a mí el típico ejemplo de que los agujeros de los pendientes no se heredan siempre me había parecido muy definitivo. Fue el primer libro con el que realmente fui crítico, en el sentido de disentir fuertemente de sus tesis. Anteriormente, te tragabas todo lo que ponía porque está en un libro, y los libros siempre dicen la verdad.

En esa época también me vi la serie “Cosmos”, de Carl Sagan, que metía el dedo en la llaga, a mi modo de ver, de manera muy definitiva en temas como los horóscopos. Todo esto, junto con verdaderamente empezar a entender el método científico (una cosa es que te lo cuenten con 12 años y otra entender verdaderamente las implicaciones que tiene) me hizo ser extremadamente escéptico con todos los temas paranormales.

Conforme ha ido pasando el tiempo, he ido “resolviendo” muchos de los misterios que me fascinaban de pequeño,  y viendo que la gente que escribe y que te transmite ideas puede estar equivocada, y que siempre hay que tener un cierto espíritu crítico acerca de las cosas. Eso no quiere decir rechazarlas de plano, sólo quiere decir ir con cuidado, y, en caso de que se encienda algunas de las alarmas “automáticas”, pensar un poco más sobre el tema, buscar información, etc…y darse cuenta que el mundo es muy complicado.

¡Feliz 200 cumpleaños!
¡Feliz 200 cumpleaños!

El ser humano es extraordinariamente bueno en sacar patrones en nuestra vida cotidiana. Si vemos una silueta, somos capaces de ver lo que es, o incluso reconocer una persona. Podemos completar letras. Y tendemos a aplicar patrones de manera natural en nuestra vida diaria. Sin embargo, al sacar patrones de manera tan rápida, muchísimas veces nos equivocamos. Nos gustan las soluciones simples, nos cuesta pensar que detrás de esa silueta que parece una persona puede haber un perchero, un par de chaquetas y un paraguas. Nuestra experiencia diaria nos dice que la tierra es plana y no se mueve, que algo tan pesado como un avión no puede volar y que los objetos necesitan ser empujados constantemente para que se muevan.

El mundo no es sencillo, la naturaleza es extremadamente compleja, y has pocas respuestas fáciles y universales a muchas preguntas cotidianas. Sin embargo, nos gustan las respuestas fáciles. Nos encanta pensar que la naturaleza es perfecta, que podemos leer nuestro destino en las estrellas, o que hay una conspiración que es la causante de todos los males del mundo. El pensamiento mágico es natural, ha estado con nosotros durante muchos siglos y sigue conviviendo con nosotros en distintas formas. Debemos tener una actitud vigilante, incluso con uno mismo.

Es duro, lo sé. Es más cómodo vivir con el convencimiento de que el mundo es fácil. Pero es la única manera de poder mejorar las cosas de manera fiable. Y no hablo sólo de descubrimientos científicos, también de nuestra propia vida personal.

¿Todos autónomos?

En el post de hoy de Vida de un Consultor, y comentado luego en Desencadenado, se habla de que, en el futuro,  se incrementará enormemente el autoempleo y la figura del autónomo, en contrapartida con el del “empleado fijo”.

Estoy en general de acuerdo con sus planteamientos, pero creo que hay que tener en cuenta también realmente los deseos y la forma de ser de mucha gente, tanto para atreverse con el camino del autoempleo como para trabajar en un puesto más fijo. Dicho de forma resumida, no todo el mundo tiene la ambición, las ganas, o la forma de ser necesaria para autoemplearse.

Y no estoy hablando de “apalancados deluxe” que quieren trabajar lo menos posible y vivir del cuento, o gente que se escaquea de sus responsabilidades. Estoy hablando también de buenos profesionales que, simplemente, necesitan una estructura de trabajo más formal, la sóla idea de vender les da vértigo (y todos los autónomos necesitan “venderse”) y terminarían perdidos y sin poder sacarse partido en esa situación. Por no hablar de que esta estructura funciona muy bien para ciertos tipos de trabajo, pero es muy difícil para otros ¿Una cajera de supermercado podría ser autónoma?

Ahora bien, creo que sí que sería una situación que tendría muchísimo más sentido que la actual. Y, siempre he defendido, que hay que asumir desde ya ese concepto de “empresa unipersonal”, que no quiere decir necesariamente el autoempleo, pero sí una postura activa en la vida profesional, sopesar cada momento profesional, y buscar alternativas razonables. A pesar de que tenemos muy metidos el chip de que el empleador tiene la sartén por el mango y nosotros somos unos pobres diablos que debemos agradecer al señorito que nos de una migajas, tenemos que adoptar otra actitud.

¿Este trabajo no me llena? ¿Mi jefe me desprecia sistemáticamente? ¿Estoy mal pagado? Pues tengo que ponerme a buscar alternativas; puede que no lo consiga mañana ni pasado, pero al menos intento mejorar.  Es muy cómodo sentarse a lamentarse y quejarse de lo mal que está tu situación en el bar con los amigos, y todo el mundo caemos en ello de vez en cuando, pero hay que sopesar si va más allá del “victimismo intrascendente” y actuar para remediarlo.

A pesar de que no veo la desaparición del trabajador fijo, lo que sí que creo que va a crecer sobremanera en los próximos años va a ser tanto la flexibilidad en el trabajo, como los empleos más flexibles (que parece lo mismo pero no es igual)

Guerrilla televisiva

Hoy todavía colea el video de “El Intermedio”. Ese que emitieron en Intereconomía y que salía el Gran Wyoming echando una bronca a una becaria y que resultó ser falso y que se lo habían enviado para picarles y ver si caían en la trampa (hay que intentar decirlo sin respirar).

Al margen de opiniones a favor y en contra, el caso es que la Sexta se está especializando en emprender una guerra de guerrillas contra otros medios. Ya pasó varias veces con Sé Lo que Hicisteis y Telecinco, o el Follonero, hasta tal punto que se creó cierta psicosis de que uno de los finalistas de  Gran Hermano era un “infiltrado” de Salvados.

El caso es que La Sexta está tomando una posición, una marca si se quiere, muy diferenciada de sus competidoras, como “Pepito Grillo” o “graciosete tocapelotas”, según gustos.  Personalmente, creo que están en la dirección adecuada, como posiblemente lo esté Intereconomía, en otra dirección completamente distinta. Ante los próximos años en los que la competencia entre cadenas va a requerir un posicionamiento mucho más fuerte y una audiencia mucho más dirigida, y La Sexta está apostando fuertemente en dos vertientes, una, el deporte, con platos fuertes como el fútbol o la fórmula 1, y por otro lado, con el humor, tato con programas de producción propia  como Buenafuente (curiosamente, el único Late Nigth que sobrevive) o Sé Lo Que Hicisteis, o series internacionales como Padre de Familia o The Office (una de mis series actuales favoritas).

Lo que parece claro es que el modelo de cadena privada “para toda la familia”; con su programa “contenedor” por la mañana, otro por la tarde, telediarios, galas ocasionales, peliculón y series familiares,; está abocada al fracaso, lo cual puede ser bueno para tener una oferta televisiva mucho más rica y variada.

Como en muchos otros casos, se acerca el fin de la cultura de masas.